Entre nervios llegué al hospital acompañada de mi madre y de mi tía. Suerte que al hacerlo me atendieron al momento aunque lo malo fue que nos dijeron que los acompañantes tenían que quedarse esperando fuera, lo que hizo ponerme más nerviosa todavía.
Me pusieron el típico camisón de hospital y me tumbaron en la camilla para sacarme sangre y ponerme la vía por la muñeca. Recuerdo el miedo que tenía porque nunca me han gustado las agujas ( supongo que eso nos pasa a casi todos, por no decir a todos ) pero estaba tan bloqueada en ese momento que ni me quejé (raro en mi, jajaja). La verdad es que tampoco hacían falta palabras para saber que no estaba agusto, así que las enfermeras intentaban distraerme hablándome de otra cosa e incluso una de ellas me cogió la otra mano acariciándome, aunque por desgracia eso ni paró mi temblor, ni la inquietud que tenía, ni impidió que se me hiciera eterno.
Pero por fin acabaron y pude ir con mi madre y mi tía, aunque antes de eso me puse las botas que llevaba para no quedarme fría y al hacerlo justo había un espejo delante donde al verme las pintas que llevaba me entró la risa floja, cosa que hacía 5 meses que no me pasaba. Y cosa que también me dio la fuerza que me faltaba para esperar las 3 horas que me quedaban por delante.
Nos dejaron una sala solo para nosotras explicando que era para que pudiéramos estar más tranquilas ya que como he dicho antes, nos esperaban 3 horas por delante hasta que salieran los resultados. Les dimos las gracias y comenzó la última larga espera, donde no hicimos más que hablar de cosas buenas para hacerlo algo ameno.
Hasta que entró la doctora y nos dio noticias. No sabía si mandarme a la uvi ya que los resultados eran para ello, o a planta porque por otro lado veían que yo estaba bien dentro de lo que cabía así que decidimos entre todos ingresar en planta aunque me prepararon para la idea de la uvi si algo se complicaba de ahí a unas horas.
Me llevaron en una silla de ruedas a pesar de que insistí en que no lo hicieran porque obviamente yo podía andar hasta donde fuera y es que la idea de que me tuvieran que llevar me daba la sensación de que estaba realmente mal, pero como no hubo manera de convencerles así llegué a la habitación donde estaba un niño con su madre que me trataron desde ese momento muy amablemente.
Niño que iba a ser mi compañero de habitación, y habitación en la que iba a dormir las próximas 14 noches...









